Y por si fuera
poco lo que nos pasa, ahora son los incendios. Hasta el día martes 27 pasado teníamos
11 incendios en plena actividad en Sinaloa. Los fenómenos de fuego que consumen
nuestros bosques se distribuían de esta manera: cuatro en el municipio de
Badiraguato, dos en Concordia, dos en San Ignacio, uno en Cosalá, otro en
Culiacán y uno más en Sinaloa Municipio. No han sido los únicos registrados en
lo que va del presente año. En estos cinco meses la bitácora nos indica que al
menos 55 incendios devastan praderas y bosques en el estado. La superficie
afectada ya por las llamas es preocupante: más de 66 mil 636 hectáreas.
Las pérdidas que
la sequía arrima como daños colaterales en espacios geográficos supera lo que
padecen estados como Jalisco y el vecino Durango que, en número de 749 y 273 vértices
generadores de fuego y consumo de áreas verdes, no han depredado más terreno
que en nuestra entidad. De acuerdo a la Comisión Nacional Forestal, nuestra
entidad se ubica en el segundo lugar como cuna de candela, pues de las 99 hogueras
gigantes que consumían hectárea por hectárea a un ritmo de horror en el país,
16 de esos siniestros se ubicaban en coordenadas de nuestra patria chica.
Llamando la atención que la mitad de ellos depredaban barrancas y laderas de la
sierra de Concordia, sin detenerse ante las comunidades y sus construcciones
más fortificadas.
El tóxico humo y el
infernal fuego no abandona las crestas y quebradas de los altos de Concordia.
Lo saben muy bien los vecinos de esos lares, porque padecen sus consecuencias
las poblaciones de Santa Lucía, Potrerillos, La Petaca, La Capilla, Batel, Loberas,
El Carrizo, Chirimoyos y El Palmito. Don Roque Vargas, desplazado de la sierra
de Concordia y vuelto al lugar de sus querencias, sigue en su tierra ahora
desolada por la chamusquina. Con la angustia a flor de piel y la voz que acusa
irritación y las consecuencias por estar expuesto ante las inclemencias de un medio
ambiente carbonizado, reseco y por el humo que enrarece el aire que apenas semanas
atrás era tan prístino.
Desde hace más de
una década el fenómeno del desplazamiento forzado afecta al municipio de
Concordia. Esas diásporas son recurrentes. Por razones violencia comenzaron a
salir familias de la sierra de Concordia rumbo a las zonas bajas, como Villa
Unión y Mazatlán. Ahora se registra una mezcla de violencia y de los incendios,
que vuelven inhabitables zonas frescas, donde no faltaba el agua, los recursos
naturales y una vida sencilla que se fundía con la naturaleza misma. El
desplazamiento de un número importante de vecinos condena a las comunidades a
ser pueblos fantasmas, donde la vida transcurre a medias y donde nadie asume ni
responsabilidades y ni el disfrute pleno de su existencia.
A los problemas
mencionados hay que sumar el desabasto de alimentos que padecen algunas
comunidades desde hace algunas semanas. Los incendios es el entorno en el que sucede
esta anomalía, no la causa de fondo. Pero propios y extraños sabemos que la
situación de violencia nunca ha abandonado la tierra donde se avecindó el
general Domingo Rubí. Y ahora los vecinos que se empecinan en el arraigo de su
tierra de origen navegan en las inciertas aguas que mueven la violencia y las
densas nubes de un humo que lastima sus cansados pulmones y los ojos tan enrojecidos
que con dificultad distinguen el terreno en el que hacen sus vidas.
La inseguridad toca
más de dos aristas de la vida en la sierra de Concordia, pues a la presencia de
bandas armadas se suman los incendios que dificultan la visibilidad en
dilatados espacios. Cada día se vuelve más complicado observar camiones que
distribuyen alimentos. Un panorama desolador, de tierra arrasada, domina a lo largo
de kilómetros en esa Sierra Concordense y no invita a
transitarla sin preocupación alguna desde hace varias semanas. Y la población
que sigue arraigada y da vida a esa zona donde pinos y encinares son ya un
recuerdo en muchas de sus carbonizadas hectáreas. En los llamados que se hacen
por las redes y en declaraciones a la prensa los lugareños piden seguridad,
pero sobre todo demandan alimentos.
La CEDH ha estado
preocupada desde el principio por lo que pasa en la tierra de don Clemente
Vizcarra y el sábado 24 de mayo visitó esas coordenadas nuestro visitador de la
zona sur, Erick Tiznado. En conversación con el presidente municipal pudo
dimensionar el problema y las consecuencias que la pérdida de bosques tendrá a
largo plazo, sumando los dolores que la violencia añade a la orfandad que se
vive en las comunidades de la sierra concordense,
considerada reserva de la biósfera. Pero subir al punto de Chirimoyos, fue
confirmar la grave situación que, más allá de las lluvias que nos regalen estos
días deja una situación tan complicada y difícil que ya es un reto plantearse
la rehabilitación de toda esa zona.
Primera conclusión
sobre el tema de los incendios: la violencia nos distrae cuando está muy cerca
de nosotros y nos lleva a no valorar en toda su magnitud otros problemas como
el del abastecimiento de alimentos, sobre todo cuando sucede más allá de la
frontera en que nos movemos de manera cotidiana. Pero es en estas
circunstancias cuando la solidaridad debe tomar mayor fuerza ahora. Segunda
conclusión: un deber que de inmediato debe tomar cuerpo y andadura es la
disposición nuestra para promover que las comunidades en apuros no queden a la
deriva. Joel Rueda Rojas, con la voz de la experiencia expresó el pasado día 27:
"Hasta 40 años podría tardar en restaurarse el suelo de la sierra de Concordia
y ser nuevamente fértil". Tercera conclusión: la CEDH estará de nuevo en la
sierra de Concordia y terminará de documentar la situación. Después de ello
presentaremos propuestas y medidas que deben implementarse para rehabilitar la
zona y permitir el desarrollo normal de la vida humana y del resto de las
especies. Vale.
Profr. Oscar Loza Ochoa
Comisi n de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa/Jes s G. Andrade #475 Desp. 8/Culiac n, Sin./CP 80000/ Tel. (667) 712.56.80/oscar.lozao@gmail.com