AUSTERIDAD VS.
POBREZA E INJUSTICIAS
Senza lavoro nessun futuro.
Trabajadores de
Italia
Cuando un grupo de discapacitados
irrumpió en el Congreso del Estado para solicitar una pensión se nos estrujó el
corazón. Eso sentimos porque detrás de esa solicitud hay un mar de cosas que
conspiran contra los grupos de personas más vulnerables de la sociedad, como
son los casos de indígenas (mayos-yoremes e
inmigrantes), adultos mayores, huérfanos y viudas de la violencia y desplazados
por la misma causa, entre otros.
Desgraciadamente hay factores poderosos
que conspiran en contra de los grupos vulnerables: no existe una concepción
democrática desde el poder respecto de los problemas de los grupos vulnerables
y por lo tanto no hay políticas públicas que se concreten en programas
integrales de apoyo e impulso a esos núcleos sociales que hemos condenado a la
supervivencia en condiciones de dudosa dignidad en no pocos casos. El
presupuesto, como se sabe, es cobija que no está destinada a la atención de
todos los ciudadanos y que en los últimos decenios ha dejado sin protección a
estratos sociales cada vez más amplios. Los defensores de que el presupuesto
(cobija) no vaya más allá, buscan en el fondo que los grupos privilegiados
locales y nacionales sigan disponiendo de gran parte de los recursos públicos (la
cobija), sin importar las consecuencias sociales que genere esa situación.
Y como hay escasa influencia ante los
órganos de gobierno de las opiniones de la sociedad sobre el manejo y la orientación
del presupuesto, la aplicación del mismo obedece más al criterio del gobernante
en turno que a las razones que muchas organizaciones hacen llegar al poder
legislativo o a las verdaderas necesidades sociales. La negativa a entregar
modestos recursos a organismos de la sociedad que realizan trabajo voluntario
en renglones de la salud, prevención de conductas antisociales, educación o de
defensa de los derechos humanos, sólo es un botón de muestra de cómo se
administran los dineros públicos.
Mientras en Europa es ya materia de
propuestas en las campañas electorales en Irlanda, España, Francia y Alemania y
de discusión en los parlamentos de Irlanda, el País Vasco y Cataluña, la
iniciativa de un Ingreso Ciudadano Universal (Renta Básica le llaman), en
Sinaloa seguimos pensando que la orientación del presupuesto debe ir hacia los
grupos empresariales, y como ningún organismo funciona sin vasos comunicantes
que lleven la sangre que lo alimenta hasta el último rincón, nos guardamos de reservar
un resto para alimentar la ilusión (no esperanza) de los más pobres: despensas,
becas precarias, sillas de ruedas, entre otras cosas.
La idea del Ingreso Ciudadano Universal
(Renta Básica) es que todos los ciudadanos sin excepción reciban un ingreso
mensual-anual, independientemente de si tienen trabajo o son desempleados,
de si reciben altos ingresos o ninguno. Con lo que se resolvería, por
principio, un ingreso mínimo que garantice el derecho a la alimentación y
necesidades básicas. En este nuevo escenario no hay grupos en situación de
extrema vulnerabilidad como los discapacitados que se presentaron al Congreso
del Estado y los que, con alto riesgo de su integridad física, nos solicitan
apoyo en los semáforos. Esta propuesta de medicina social prevendría situaciones
de tragedia como las que viven las familias de quienes son despedidos de su
trabajo, y, por qué no, las que viven los más de 25 mil ciudadanos
identificados como desplazados de la violencia.
La propuesta del Ingreso Ciudadano
Universal implica una reforma fiscal integral, en la que los actuales grupos
privilegiados que pagan un porcentaje bajo de impuestos y hasta los evaden en no pocos casos, pero que disfrutan de la
orientación actual del presupuesto, tendrían que pagar de manera creciente
según el tamaño de sus ingresos. Ahora el fardo mayor de los impuestos descansa
en las espaldas de quienes ganan el salario mínimo más un peso en adelante, la
clase media, las pequeñas y medianas empresas. Inexplicablemente los grandes,
los que se benefician de los rescates bancarios, de las inversiones en
carreteras, presas, construcción de escuelas, vivienda popular, etc., esos poco
o nada pagan al fisco. En la propuesta mencionada tendrían la responsabilidad
fiscal que deben tener: si los pobres pagan hasta el 29% de sus ingresos como
impuesto, es natural que aquellos no paguen menos que eso.
Sin querer exigir una reforma de ese
tipo cuando ni la discusión ha comenzado en Sinaloa, sí
nos atrevemos a decir que los ingresos públicos en el estado bien pueden atender
las necesidades que plantean los discapacitados, considerando su propuesta como
Pensión Permanente y por un monto de mil
800 pesos mensuales. No es mala propuesta para hacer justicia a un grupo social
vulnerable y dignificar su existencia. No sería mal inicio para avanzar en la
propuesta de Ingreso Ciudadano Universal (Renta Básica) de la que ya hay buenas
noticias en Europa. Vale.