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FEMINICIDIOS EN SINALOA

Muchos de los abusos que se cometen

son porque no hay un Estado fuerte que los impida.

Ricardo Lagos

La autoridad presumió cuentas alegres en materia de seguridad para el mes de enero. Las mujeres sinaloenses no pueden decir lo mismo. Seis de ellas murieron violentamente este mes anterior.  Es cierto que desde el fatídico 2010 las cifras relacionadas con homicidios han estado disminuyendo, tanto para el sexo masculino como para el femenino. Pero definitivamente no hemos retornado a la situación y números de 2006 y 2007.

El año de 2007 fue el último en que las cifras de homicidios no rebasaron los tres dígitos (742), imponiéndose una preocupante tendencia al incremento en los tres  siguientes años: 2008 con 1167, 2009 con 1252 y 2010 con 2250 muertes violentas. A partir de este último año inicia el descenso a 1906 y 1464 homicidios, sin que por ello el alma nos vuelva al cuerpo.

Comentario similar nos merece la situación que han vivido y sufrido las mujeres sinaloenses en este renglón que registra pérdida de vidas. Hasta 2009 las cifras que hablaban de tragedias femeninas no rebasaron los dos dígitos (76),  pero dieron un salto extraordinario en 2010 con 111 casos, para luego iniciar un declive que aparenta pronunciarse por lo registrado en 2011 con 109 casos y en 2012 con 87. Si observamos las estadísticas del mes de enero desde 2010 (18), 2011 (12), 2012 (7), incluyendo el de este año con seis casos, todo invita a pensar que nos mantendremos al final de 2013 en dos dígitos y muy cercanos a la cifra registrada en 2009.

No contamos con análisis publicados que nos proporcionen elementos para explicarnos con claridad el incremento y el descenso en los crímenes que cobraron vidas entre ambos sexos en nuestra entidad, pero quienes vivimos en Sinaloa sabemos que el disparo de las estadísticas se corresponden bien a los hechos violentos registrados en esos años. Difícil olvidar que en 2008 se inicia en Sinaloa la guerra contra el narcotráfico comandada por el presidente Calderón y que en dicho marco se dan divisiones y enfrentamientos entre bandas del crimen organizado que arrojan los saldos señalados.

Tampoco se han publicado estudios que nos ubiquen los momentos y circunstancias en que las mujeres se han involucrado decisivamente en actividades de gran riesgo para su integridad y el desarrollo de condiciones sociales y actitudes que llevan a amplios grupos del género masculino a la agresión física y moral, y luego al homicidio (feminicidio cuando se involucra el odio al género).

Los hechos violentos masivos entre bandas han disminuido, sin que haya cambiado el panorama de la violencia. Las cifras de la violencia expresan cierta baja por dichas razones. Guardo algunas reservas como lo hacen instituciones internacionales en el sentido de que hay ocultamiento de cifras, pues hay hechos demasiado impactantes como para ignorarlos y de los que no hemos tenido mucha información oficial, entre ellos los enfrentamientos de los últimos días de abril y primeros de mayo de 2012. La duda oficial quedó entre 21 o 27 muertos. La vox populi hizo evolucionar esa cantidad semana a semana hasta llegar a más de 220.

Pero aceptemos que el número de acontecimientos violentos masivos entre bandas ha disminuido, pues el de las fuerzas públicas con aquellas no parece variar y que ello impacta a la baja las estadísticas registradas. Con todo, no parece lo más adecuado hablar en tono airoso de una tendencia a la baja de muy corto plazo, pues el enfrentamiento entre bandas y grupos delictivos no depende centralmente de políticas públicas, sino de intereses más complejos. Y, cuando se piensa que todo está controlado, vienen los tercos hechos a desmentir el dicho.

Tal sigue siendo nuestra preocupante situación de violencia que no pocos soñamos con el volver a las cifras de los años 2006 y 2007, no porque aquellos tiempos hayan colmado de tranquilidad al estado, sino porque entre aquella normalidad y la que vivimos hoy hay mucho sufrimiento y vidas perdidas de por medio.

Tienen razón las mujeres activistas cuando reivindican Ni Una Más. Ni una mujer más asesinada. No podemos lanzar vivas al aire cuando el número de casos de mujeres muertas violentamente parece que mantendrán tendencia a la baja. Que eso sea sólo un elemento para expresar con mayor energía Ni Una Más. Porque siempre habrá el riesgo de que las estadísticas se disparen, pues las acciones antisociales nunca se van, sólo se agazapan entre nosotros, entre nuestras estructuras económicas y sociales, y corren mayor riesgo de ejercicio allí donde el Estado es débil, como es el caso nuestro. Vale.