CRISIS SOCIAL Y
DERECHOS HUMANOS
Seguimos
en deuda con Jorge Aguirre
cuyo
caso suma 14 años de impunidad.
La multiplicación de problemas y su des(atención) pintan llanamente el perfil de un gobierno.
Aplicada esta verdad, el gobierno de Sinaloa sale muy mal librado. Hablemos en
dos planos: la sumatoria de problemas sociales y sus consecuencias y el papel
de la autoridad frente a ellos. La desigualdad social en nuestro estado toca
niveles preocupantes (más de un millón de pobres entre 2 millones 700 mil
habitantes), la violencia se recrudeció a la par de la crisis económica y por
nada del mundo ha regresado a los niveles anteriores a 2007, al contrario,
recrea fenómenos del siglo XX como los desplazados, complicando la situación
que vive la entidad.
El cambio climático ha puesto su granito
de arena al arruinar las cosechas del ciclo agrícola invernal de 2011 y 2013,
pero el tejido social se vuelve candidato a terapia intensiva ante el fracaso
de las políticas públicas estatales y federales. Y las consecuencias no han
esperado mucho para manifestarse: incremento de los feminicidios
y de muertes por falta de atención médica y por inanición.
Y por si fuera poco, la corrupción en
todas las esferas de la vida pública y el modelo de economía y sociedad
impuesto desde la década de los ochenta del siglo pasado, que premia el egoísmo
y la renuncia a los sentimientos de solidaridad, han envenenado la vida en
colectividad y la vocación de servicio comunitario de amplias capas de la población.
Contra todas estas tendencias y la
renuncia de la autoridad a ejercer la rectoría económica y social de la nación
y de la región, fortaleciendo la peligrosa posición de los grupos de poder
privados (grandes empresas trasnacionales y nacionales legales e ilegales), han
surgido instituciones de carácter no gubernamental que defienden y promueven
los derechos de ciudadanos en las más variadas materias que son espacios
vitales para la vida en sociedad: comisiones de derechos humanos, organismos que
promueven la equidad de género, grupos que exigen un medio ambiente sano,
observatorios de participación ciudadana, fundaciones que sensibilizan a la
sociedad y al Estado sobre la atención a niños con cáncer y con capacidades
diferentes y defensores de los derechos de los animales, entre otros.
Reconociendo el valor social y el
trabajo desarrollado por estas instituciones, el Congreso del Estado había dado
un gran paso adelante al destinar modestos renglones del presupuesto para
ayudar al sostenimiento de las oficinas de dichas organizaciones. A pesar de
que esta labor en las distintas esferas de la vida social no sólo cubre las
omisiones y errores cometidos por la autoridad, sino hace llegar al Estado en
forma de recomendaciones y críticas públicas las medidas a tomar que enmienden
las faltas y resuelvan los problemas que padecen los sectores más vulnerables,
a pesar de todo ello, los apoyos fueron flor de un día. El Poder Ejecutivo
desacatando un mandato del Poder Legislativo simplemente se negó a entregar
esos limitados recursos el año 2012 y para reafirmar su fobia por los
organismos no gubernamentales, no contempló en la propuesta de presupuesto de
egresos 2013 renglón alguno para ese fin. Lamentablemente esa actitud encontró
eco en el Congreso del Estado.
Los esfuerzos desde las comisiones de
derechos humanos no gubernamentales seguirán en pie, esperando que los del
resto de instituciones se mantengan; pero no podemos cerrar los ojos a una realidad que exige recursos para desarrollar
trabajo y que sin ellos muchos proyectos (y sueños de mejorar la convivencia
social) quedan truncados. Las calamidades señaladas arriba, multiplicadas por
los abusos de autoridad, alcanzarán una nueva magnitud frente a la negativa de
apoyos y una equivocada concepción gubernamental que cree que desarrollo social
sólo implica aumentar la producción de bienes y repartir entre los más pobres
algunas despensas como señuelo de combate a la miseria.
Muchos de los organismos no
abandonaremos nuestra misión de defensa de los espacios democráticos de la
sociedad, pero las condiciones de indigencia a que nos orillan las autoridades malovistas, hacen más difícil el trabajo y vuelven más
complicados los logros. Ojalá corrijan las políticas hacia los organismos no
gubernamentales. Esperamos que los fracasos observados en las regiones donde la
violencia ha provocado zonas de exclusión y de expulsión de desplazados y de
escuelas donde el fenómeno violento cobra un creciente número de víctimas,
hagan reflexionar al gobernador Mario López Valdez, sobre la importancia del
trabajo que se realiza desde los organismos no gubernamentales y que reconozca
que en un Estado de derecho democrático, como define la Constitución local a
nuestro sistema jurídico-político, no sólo caben todos los organismos no
gubernamentales, sino que son imprescindibles para que ese Estado de derecho
democrático alcance plena vigencia. Vale.
Felicitaciones para José Luis López
Duarte por su renuncia al puesto de gobierno, pues con ello recuperamos al valioso
activista social.