YA NO SOMOS LOS MISMOS
Ha partido la Vita de Monteverde,
con ella se va el espíritu
de buena vecindad
y unas manos que sabían
hacer pan.
Después del
atraco del presidente y del Congreso a la Constitución ya no somos los mismos.
En el asalto legislativo fueron heridos de muerte los artículos 3o, 27, 28, 123
y 130, la columna vertebral de la Nación. Es el resumen de una infausta
historia cuyo último capítulo arrancó con la contrarreforma laboral en
noviembre del año pasado. Al pueblo mexicano le costó más de un millón de vidas
y una prolongada revolución alcanzar el pacto social que desde 1917 había
garantizado estabilidad social. Bajo el amparo de la Constitución Política (ese
pacto social) pudimos concretar algunos caros sueños de la revolución: la
seguridad social, educación pública para la inmensa mayoría, derecho al
trabajo, a la organización sindical y al arbitraje del Estado en los conflictos
obrero-patronales. Se ha dado un gran salto hacia atrás.
¿Será
temprano aún para sacar conclusiones sobre las consecuencias inmediatas y a
largo plazo que todo esto tiene? Es probable, pero no se requiere de ninguna
bola de cristal para ver los tropiezos que ya enfrentan millones de
trabajadores y sus hijos ante el nuevo marco legislativo. El discurso justificatorio para la contrarreforma laboral es que
llagarían puestos de trabajos en abundancia y bien pagados y que la economía
crecería a un ritmo del 3.5% este 2013, para saltar por encima del 4 y 5% en
los años venideros. La economía no irá más allá del 1.2% en el mejor de los
casos y los empleos sin rebasar el tercio de los prometidos, más del 57% de los
mismos cae en la definición de indecentes por ser temporales, mal pagados
(precarios) y con ausencia de prestaciones sociales.
Ni
inteligencia ni originalidad en el discurso, pues luego de irnos tan mal con la
receta extendida el 30 de noviembre de 2012, para justificar el despojo del
petróleo mexicano vuelven a hablar de la danza de
inversiones y de empleos masivos de alta remuneración. Y se miente sin ningún
rubor sabiendo plenamente que al poner nuestros recursos en manos extranjeras
menos posibilidades hay de que ello pueda suceder. ¿Qué nos dice la memoria
histórica sobre la época de Porfirio Díaz? ¿Acaso la revolución de 1910-20 fue
antiimperialista por deporte? No, lo fue porque las compañías extranjeras lo
concentraron todo, despojándonos hasta de los empleos mejor pagados. ¿Ya se nos
olvidaron Cananea y Río Blanco? ¿Ya no recordamos el comportamiento de las
mismas compañías petroleras antes de la expropiación?
Y si el país
ya no es el mismo y nosotros tampoco, el comportamiento debe ser otro también.
Entenderlo es el primer paso obligado. Recuperar el patrimonio de la nación y
los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales, no será cosa fácil
ni pronta, pero será posible. Seguramente llevará años, pero la lucha popular
debe limitarlo al corto plazo, para escapar de la sentencia keynesiana de que
en el largo plazo todos estaremos muertos.
Un segundo
paso es que todas las fuerzas democráticas, progresistas y nacionalistas
empujen un programa común por el rescate del patrimonio y derechos perdidos. No
se vale priorizar divisiones, pues de ello han sacado ganancias los enemigos
del país en las distintas épocas. Ya llegarán tiempos para las diferencias,
pero hoy lo que se impone son las coincidencias.
Ya se han
adelantado algunas propuestas sencillas que pueden ser el imán que aglutine a esas fuerzas patrióticas y las encaminen en esta lucha.
Prestemos oídos a todas las iniciativas que busquen fortalecer conciencia y
acción. Promover la consulta popular para 2015 es una tarea muy importante,
como lo es la defensa de la educación pública, la defensa del derecho al
trabajo (y la garantía de ingreso por ciudadanía), la de defensa del derecho a
la seguridad social y a la vivienda. No es la jerarquía lo que debe distinguir
su atención, sino la visión estratégica con que se embonen durante el proceso
social patriótico que se avecina.
Nunca como
hoy cobran vigencia plena los derechos humanos. Con la crisis de época que
padece el sistema económico todas las expresiones políticas y sociales
encuentran su correspondencia en la vida económica de la nación y en la de cada
familia mexicana. Al herir de muerte a la Constitución pretenden sepultar uno
de los tres emblemas nacionales en los que aún creemos. Nos quedan invictas la
historia y la virgen de Guadalupe. En 1810 la historia (con los derechos
humanos de vanguardia) tuvo una cita con las aspiraciones patrióticas. La
virgen de Guadalupe estuvo del lado del pueblo. 1910 fue el momento de una
segunda cita histórica.
No sé qué
combinaciones se vayan a vivir en las jornadas que vienen, pero el futuro de
este país está ligado a esos tres referentes. Las generaciones que nos vienen pisando
los talones no perdonarán que dentro de poco se les herede una colonia del
imperio en lugar de un país democrático, independiente y solidario. La
responsabilidad histórica de las generaciones presentes es tan grande como el
México del Siglo XXI, que reclama nuestro concurso para su salvación. Vale.