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COMPROMISOS DE LA CDDHS

Progresar produce descontento:

más insuficiencias que medios para atenderlas.
Gabriel Zaid

Sabia conclusión de la jornada del XXX aniversario de la CDDHS: visibilizar los problemas centrales de los grupos más vulnerables. Sí, ponerlos en la agenda pública para sentar a la autoridad a considerar su solución en serio. Es la alternativa para los amplios sectores sociales que viven en las zonas rurales más pobres, en los cinturones de miseria urbanos y, desde luego, para las comunidades indígenas.

Después de esta exitosa semana de eventos expresamos nuestra gratitud a las facultades de derecho de la UAS de Los Mochis y Mazatlán y a la Preparatoria Central Diurna (mi centro de trabajo), por todas las atenciones y complicidades prestadas para que brillaran las conferencias programadas. Con su esfuerzo y el de Juan Navarrete del Instituto Interamericano de Derechos Humanos fue posible culminar con éxito las tareas conmemorativas.

De todo lo que atendimos, escuchamos y compartimos durante la jornada, vale la pena destacar lo vivido en el Centro Ceremonial de Charay, El Fuerte. Con la presencia de varios cobanaros (gobernadores), ex-cobanaros, líderes naturales, fiesteros, profesores bilingües y gente del pueblo mayo-yoreme, tuvimos una recepción como sólo puede darla ese pueblo originario cuando ha vivido inquietudes y luchas junto a los que recibe. En el marco de una distinción dedicada a Juan Navarrete, quien ya había estado con la comunidad mayo-yoreme, de danza del venado y pascolas, se desarrolló un encuentro donde destacan las denuncias por los terrenos comunales que le han arrebatado a la comunidad de El Pochotal, el cercamiento de las riberas del Río Zuaque o Río Fuerte (sagrado para el pueblo mayo-yoreme), la explotación de materiales de construcción donde se ubican centros ceremoniales, los problemas educativos, la ausencia de respeto a los usos y costumbres para el nombramiento de autoridades, entre otras.

Uno de sus representantes señaló que Sinaloa es uno de los dos últimos estados que no cuentan con Ley indígena en México y que ello da una idea del trato que las autoridades dispensan en todos los terrenos a la población originaria de Sinaloa o inmigrante. Como no hay Ley indígena no se ha elevado a rango constitucional el derecho a la representación del pueblo mayo-yoreme en el Congreso del Estado, donde hay comisión de asuntos indígenas ocupada por representantes ajenos a las comunidades originarias.

Reclaman que el Estado les impone los criterios establecidos en la Ley del IFE en el nombramiento de autoridades, haciendo a un lado usos y costumbres, en los que privaba el derecho de los guerreros a nombrar a sus autoridades, independientemente de su edad; en tiempos de paz (como ahora) ese derecho deben ejercerlo los fiesteros (los músicos), pero como la Ley dice que sólo los mayores de edad votan, muchos músicos se quedan sin ejercer su derecho por no haber cumplido los 18 años. Ellos dicen que el corazón de la vida indígena es la fiesta. Sin fiesta no hay yoreme. Y reclaman el derecho a elegir a sus autoridad bajo los cánones prehispánicos que nunca les dieron motivos de reyertas por algún fraude como los que hacemos los yoris (blancos y mestizos).

Manifiestan que en la escuela primaria disponen de la enseñanza de su lengua (el mayo) de la que están orgullosos, pero cuando llegan a la escuela secundaria asisten junto a estudiantes yoris, donde se enseña el idioma inglés, enfrentando serios problemas por discriminación, pues el resto de alumnos llevaron inglés en la primaria y ellos no. Al manifestar total ignorancia de un idioma desconocido, aparecen como los "retrasados", los "indios", mientras de su lengua ya no se acuerdan los programas educativos.

Pocos son los mayos-yoremes con acceso a la seguridad social verdadera, muchos los que están al margen de ella. A gritos piden una alternativa para resolver los problemas más elementales de salud: un hospital en el Valle de El Fuerte a donde puedan ocurrir, se les dé trato digno y se promueva también la medicina tradicional que tantos problemas les ha resuelto en ausencia de un sistema de salud.

Estos y otros problemas son del pleno conocimiento de las instancias gubernamentales, que no han dedicado presupuesto para atenderlas. En circunstancias como las descritas tampoco van a voltear a verlos, están muy ocupadas con los sectores sociales que si hacen ruido en las ciudades. Por eso se requiere buscar otros medios efectivos para que los vean y los escuchen.

El pueblo mayo-yoreme nos dio la pauta: solicitar una Audiencia Temática ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para exponer los casos más graves; como a esas audiencias asisten representantes del Estado mexicano, tendrán que verlos y escuchar sus quejas, y, en el mejor de los casos, comprometerse ante aquél organismo de la OEA a establecer políticas públicas que alivien en algo su preocupante situación.

Un firme compromiso nos echamos a cuestas al final de la reunión. Juan Navarrete y los miembros de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa promoveremos nuestros buenos oficios ante Emilio Álvarez Icaza, Secretario Técnico de la CIDH, para lograr esa anhelada audiencia. Que valgan los derechos del pueblo mayo-yoreme y una amistad forjada a base de mucho trabajo y sacrificio común con Emilio. Vale.