LECCIONES DE
MANUEL
No
queremos un presidente que dé consejos a los pobres,
sonrisas a
los niños desnutridos y palmadas a las madres dolientes.
Javier Hernández
Chelico
Que las certezas que nos deja Manuel no sean sólo mayor pobreza, incapacidad de
las instituciones y crecimiento de la corrupción y la impunidad. Los daños han
sido tan grandes que no cabe ni la resignación ante su tamaño ni la actitud
derrotista frente al desamparo de los que hoy fueron víctimas, porque todos somos
damnificados potenciales para las próximas temporadas.
Más que nunca debe quedarnos claro que
los fondos destinados a desastres naturales, aun auxiliados con partidas
extraordinarias y préstamos de instituciones internacionales, no serán
suficientes para una reconstrucción total de los daños causados por las
tormentas Ingrid y Manuel. Estos se han
estimado por hacienda en unos 75 mil millones de pesos y creo que se ha quedado
corta, pues por las inercias que se cargan las instituciones en los tres niveles
de gobierno, ni siquiera se han visitado muchas de las zonas de desastre y
menos evaluado los daños (hablo de los daños en el patrimonio de las familias,
no sólo en la planta productiva y en la infraestructura pública).
Hacienda parece reaccionar con cierta
objetividad al ubicar el crecimiento de la economía a la baja para este año por
segunda ocasión. En la primera nos dijo que el pronóstico inicial de 3.5%
quedaría en el modesto 1.8%. Hoy nos dice que Ingrid y Manuel nos dan otro
jalón de un 0.1%, que no crecerá nuestra economía más allá del apachurrado
1.7%. Y si no se ha hecho el recuento completo de los daños, ¿hasta dónde
llegará esa cifra? Lo digo porque el organismo Tlalchinollan
dice que 600 de 700 comunidades indígenas en la Montaña de Guerrero ni
visitadas han sido, menos calculados los daños o atendidas.
Y La ausencia en evaluaciones de
patrimonios perdidos no es privativo de Guerrero; es
uno de los males generalizados en los 16 estados incluidos en el concepto de
zonas de desastre. Sólo pongo algunos ejemplos: ¿qué autoridad dará cuenta de
los daños en Valle Alto, en Yameto, en Recoveco y en
El Palmar de los Leal? Pero si para el 31 de octubre
no hay un cálculo serio basado en testimonios y levantamientos formales, ¿cómo
podrá hacerse una proposición sensata para que el presupuesto de 2014 atienda
esta emergencia y se adelante a los riesgos que depare la próxima temporada de
lluvias?
Las tormentas Ingrid y Manuel nos han
dejado algunas lecciones que no podemos olvidar: lluvias en exceso, sequías y
terremotos son inevitables, pero las consecuencias que acarrean son mitigables
si cambiamos las conductas económicas, políticas y culturales que nos han
llevado al choque con la naturaleza no a su respeto; que los presupuestos
federales, estatales y municipales deben cambiar sus prioridades, pues las
vidas y seguridad en los asentamientos humanos son de primer orden; el diseño
de un atlas de riesgos completo debe iniciarse ya para que la información que
arroje ayude a una prevención efectiva y que la reconstrucción nacional no
puede llevarse a cabo con la ausencia de vigilancia de los ciudadanos,
principalmente de los damnificados.
Una lección más y que debemos llevar
pegada a la piel es que ahora hay que promover sin descanso, si queremos cierta
seguridad, una estrategia de supervivencia, es decir, una sociedad sustentable,
si no queremos dibujar nuestro futuro como lo vio Noah Seattle para su pueblo,
cuando obligado por el poder de las armas entregó a los blancos las grandes y
sagradas praderas donde discurría la sabia vida de los swamish.
La emergencia que vivimos nos deja
algunas tareas que no debemos posponer para mañana: atención ininterrumpida de
las prioridades de damnificados; que el Congreso del Estado declare al 24 de
junio y al 19 de septiembre como días de la protección civil; la constitución
de un Consejo de vigilancia y transparencia de la reconstrucción (con
damnificados) y crear un consejo consultivo con las universidades, Centro de
Ciencias, Cruz Roja, Bomberos y colegios de ingenieros y arquitectos, para
curar la parálisis de que adolece el Consejo estatal de protección civil.
¿Por qué el 24 de junio?, porque ese día
consideramos que arranca la temporada de lluvias y además de los ejercicios de
simulacros que se deben llevar a cabo, el Consejo estatal debe rendir un
informe sobre las condiciones en que enfrentaremos la siguiente temporada y las
medidas de precaución tomadas. ¿Por qué el 19 de septiembre?, porque es el día
de expresión mayor de la tormenta Manuel y que debemos recordar positivamente
con nuevos ejercicios de información y prevención en materia de desastres.
La movilización solidaria de muchos
ciudadanos en estos aciagos días salva la dignidad de todos. Obligación
colectiva frente a las nuevas generaciones es trabajar por una cultura de la
supervivencia (sustentabilidad) y por la democratización de toda la vida
pública. Vale.