LA BATALLA POR
EL ZÓCALO
¿Cómo
no vamos a darnos cuenta de lo que quieren con esas leyes,
si
estamos viendo el cazo con el aceite hirviendo en el que nos quieren cocinar?
Maestro
de Los Mochis
El desalojo del Zócalo no fue sólo un
acto autoritario. El desalojo es una ruptura con los escasos espacios
democráticos con que contamos y es la reedición de una vieja práctica que
desembocó en el 2 de octubre mexicano. Por eso debe tomarse con toda la
seriedad del caso, pues sienta el mal precedente para que en otras plazas pase
lo mismo, cancelando el derecho a manifestarse pacífica y públicamente, uno de
los recursos constitucionales más socorridos por los ciudadanos.
El desalojo se da en el marco de las
contrarreformas, en las que poco ha importado la consulta con los sectores que
se verán afectados por las mismas. La manifestación de fuerza es un mensaje de
que aquellas se imponen contra todo derecho y expresión contraria. Una medida
poco recomendable en momentos en que la recesión económica toca a nuestras
puertas, confirmando que la contrarreforma laboral no aceita los oxidados
engranajes de la economía nacional, pero sí empeora la situación de los
trabajadores del país.
Están cocinándose las contrarreformas
fiscal y energética y luego vendrán otras. La consulta ciudadana es algo que no
conciben los que gobiernan (incluido el PRD que los acompaña en el Pacto por
México), por eso nos quieren imponer como bueno que aprobándose las iniciativas
por las cámaras de diputados y senadores (sin mayor análisis y discusión y con
las premuras que exige el presidente) no hay problema. Pero lo hay, pues lo
único que puede salvar al país de la inestabilidad es cierto consenso sobre las
medidas políticas centrales.
Miguel Mancera ha dicho que no se
permitirá el regreso al Zócalo y allí están para impedirlo policías capitalinos
y federales. La batalla por el Zócalo, como le han llamado algunos
especialistas, puede convertirse en la lucha emblemática de la sociedad civil
en la defensa de los espacios y derechos ciudadanos. No está de más recordar
que eso significó la recuperación de la Plaza de la República después de 1968.
Con tanques nos había desalojado el autoritarismo de Díaz Ordaz. Cuando el
movimiento social cobró de nuevo fuerzas su intención primera fue recuperar el
Zócalo. Lo logró en 1978. Diez años después.
Este miércoles 18 los estudiantes
hicieron el primer intento de regreso al Zócalo, las corporaciones policiales
no les permitieron llegar. ¿Cuánto tiempo será necesario para recuperar la
principal plaza pública de México? Quizá meses o semanas, quizá días. Lo
esencial será que recuperarla se volverá un objetivo no sólo de los que hoy
protestan, sino de todos los miembros de la sociedad que consideramos que las
plazas públicas son espacios ciudadanos, no de las corporaciones policiacas. A
lo antipopular de las reformas propuestas, en proceso o aprobadas, agreguemos
hoy que nos quieren prohibir manifestarnos en la Plaza de la República.
Las campañas de linchamiento en los
medios de comunicación contra los que hoy se manifiestan, las medidas
policiacas y las declaraciones de Manuel Mondragón en el sentido de que el
desalojo fue con respeto a los derechos humanos (cuando desalojar era impedir al
menos el derecho humano a manifestarse), no van a resolver el problema de
fondo, al contrario, acumularán un combustible social no aconsejable en tiempos
de crisis.
Estamos en el inicio de sexenio, con más
de una década sin crecimiento económico, con una clase política a la que
intereses privados (nacionales y extranjeros) espuelea sus ijares, apresurándola para sacar adelante las contrarreformas
mencionadas. No han pensado en una salida patriótica a los problemas
nacionales, que implicaría consultas populares, acuerdos no entre tres
partidos, sino con todas las fuerzas políticas y sociales; es decir, un
consenso nacional que nos indique por dónde debemos empujar todos, bueno… casi
todos, pues allí no nos van acompañar banqueros, transnacionales y empresarios
entregados a intereses extranjeros. Es el inicio del sexenio, ¿así será la
historia del gobierno de EPN?
Hay datos preocupantes en nuestra
economía y que pueden profundizar los problemas de desempleo, ingresos, salud,
vivienda y educación. El alegre pronóstico del 3.5 por ciento de para este año
se ha reducido al modesto 1.5 por ciento de crecimiento del PIB, sin tomar en
cuenta los saldos que dejan las tormentas Ingrid y Manuel. En ese marco los desencuentros
del Estado con amplios sectores de la población afectados por esos problemas pueden
ser más frecuentes y más violentos. ¿Qué puede hacerse para mantener vigentes
los derechos humanos a manifestarse, a la organización y a la seguridad
jurídica?
El regreso al Zócalo está poniendo a
prueba a nuestras instituciones, a la voluntad política de hacer las cosas
atendiendo los derechos ciudadanos y buscando mantener la paz. El regreso sin
problemas hablaría de un nuevo PRI en la presidencia, las dificultades para
regresar dibujan de cuerpo entero al viejo dinosaurio que aún dormita en Los
Pinos. Vale.