REFORMAS Y
MOVIMIENTO SOCIAL
El
gatopardismo fiscal acaba de aterrizar en México.
Su
camuflaje es perfecto, pero su esencia neoliberal es la misma.
Alejandro
Nadal
Porque hay momentos en la historia de
los pueblos que son momentos instantáneos. Bien lo dijo Cantinflas, porque son
momentos únicos, irrepetibles. Y el presente lo es. No sé qué tan consciente de
ello lo sea la dirección del PRD, como del papel histórico que debe jugar, pero
el destino del país nos pone en un momento frontera.
Mal se ve Jesús Zambrano señalando que
las manifestaciones de protesta de los maestros no tienen razón de ser, porque
"el nuevo marco legal recogió las propuestas de la CNTE." No sólo
exalta a la reforma educativa, dice que es el inicio de toda una revolución y
fustiga a los profes porque "dejan millones de niños sin clases en los
estados". Y sentencia: "el derecho de unos termina donde empiezan los
derechos de otros". Una verdad general para descalificar a quien ejerce un
legítimo derecho concreto.
Jesús Zambrano, uno de los activistas
que dirigió "el asalto al cielo" aquella madrugada del 16 de enero de
1974 en el Valle de Culiacán y paralizó la producción hortícola por algunos
días en la búsqueda de justicia para los obreros agrícolas, condena ahora a los
que se movilizan. El llamado Pacto por México ha pautado su conducta. Creo que
desea borrar de la memoria que los otros firmantes del pacto representan los
mismos intereses de los que lo llevaron a la cárcel de Aguaruto
en los años setenta de siglo pasado. El viejo activista de la Liga Comunista 23
de Septiembre condena ahora a los activistas antineoliberales.
A Jesús Ortega Martínez tampoco le da
urticaria lo que está sucediendo como consecuencia del Pacto por México.
También le entra con ganas a la descalificación de los que puedan pensar
diferente que él y su grupo. Y retomando la frase: "Entre más peor,
mejor", busca endilgársela a todos los que disientan, principalmente a los
partidarios de Andrés Manuel López Obrador. Para sustentar lo dicho hace
historia en un artículo que intitula con la frase mencionada. Es una expresión
que se remonta a los años finales del siglo XIX entre los revolucionarios
alemanes y rusos -dice- y que retoman los izquierdistas del presente. El
razonamiento sería: "Entre más injusticia, desigualdad, pobreza, hambre y
sufrimiento... Más cerca estaremos del estallido revolucionario."
Y pensando por quienes no coincidan con
él desde las trincheras de la izquierda o la democracia,
los acusa de que "deseaban que el gobierno propusiera gravar el consumo de
alimentos y medicinas, que se mantuvieran los regímenes especiales como el de
la consolidación fiscal...". No paró allí, "lo hacen -afirmó tajante-
porque no quieren reformas de ningún tipo que mejoren la situación del país y
de la gente."
La realidad suele ser más terca que
nuestros intereses y pareceres. Y la reforma fiscal (a la que también aplauden
nuestros "Chuchos" citados) se encarga de comprobarlo. ¿En qué
consiste la pensión universal y el seguro de desempleo del que tanto alarde se
hace en la iniciativa oficial? En un ingreso para las personas de la tercera
edad que se determinará por la línea de bienestar mínimo estimada por Coneval, que es de unos 1 162 pesos mensuales. Y el seguro
del desempleo sólo aplicará a los trabajadores del sector formal que pierdan su
puesto de trabajo y que podrán recibir el ingreso de un salario mínimo por
espacio de seis meses, no más. Aunque no sean empleados en ese lapso. Para el
resto de los trabajadores del país pura morisqueta, como dice mi madre.
Intelectuales como Alejandro Nadal,
afirman con mucha razón, que dichas medidas son totalmente insuficientes para
revertir la desigualdad y atajar los estragos del desempleo. En un país donde
el 80% de los trabajadores sólo gana hasta cinco salarios mínimos y el 50% sólo
llega hasta tres, esas aportaciones de la reforma ni a cosquillas llegan. Por
eso cuando nos quieren vender como el gran regalo para esta ocasión de no
gravar con impuestos los alimentos y medicinas, Nadal resume de manera nítida
el sentimiento popular: "Nomás faltaba que en un país donde el 60 por
ciento de la población está en la línea de pobreza o por debajo de ella,
gravaran alimentos y medicinas."
Es cierto que ahora gravarán con
impuestos las ganancias que la especulación obtiene en la bolsa de valores,
pero también hay que decirlo: con no más del 10%, ¡no se vayan a ofender los señores del dinero! Tampoco es el gran salto, pues a las
empresas productivas se les grava con el ISR y a los capitales especuladores
con mano blanda. ¡Dios nos libre de otra cosa!
Por encima de todo esto se presume que
con ello el país crecerá al 3.9% el próximo año y se parte de presupuestos
externos que no tienen sustento de estabilidad en materia económica y dejan de
lado las inconsistencias de nuestra economía, mientras el paquete fiscal no
aporta elementos suficientes para atajar el ciclo económico (momento de
crisis).
Que nos disculpen los dirigentes del PRD
que hoy viven una luna de miel con los neoliberales que dirigen los destinos
del país, pero lo menos que podemos sentir por los maestros que han salido a la
calle a protestar es admiración y respeto. Lo mismo les debemos a quienes en el
país reivindican las reservas energéticas como patrimonio nacional. No serán
los acuerdos en el seno del Pacto por México los que definan un futuro
democrático para el país, será la lucha social y política la que gane ese
destino, poniendo límites a los grandes intereses que ahogan la República.
Vale.