TRIBUNAL SOCIAL
VII
Habría
que lavar no sólo el piso: la memoria.
Jaime
Sabines
El día 30 de agosto nos alcanzará el
ayer. Sentados frente al Tribunal social el pasado no sólo será el espejo en el
que se refleje el presente. Esa época en que mal resolvimos las inquietudes
sociales y dimos prioridad a la represión por encima de negociación política y
la conciliación, nos presentará factura. Ocasiones hay en que la vida permite
coyunturas como esta. No podemos desaprovecharlas.
Frente al Tribunal social ya hemos
experimentado distintas reacciones: la de familiares con desaparecidos a los
que el miedo les ganó la partida. No han sido en vano las campañas que la
autoridad realiza en ese sentido y que ministerios públicos y policías
complementan tan bien, pues en lugar de cumplir con su trabajo buscan desanimar
y meterle miedo a los familiares de las víctimas.
Creímos que los colegios de abogados se
sumarían a la iniciativa, no sólo por la novedad de la Institución que estamos
proponiendo, sino por las aportaciones que ella puede hacer en esta región del
país. El silencio ha sido su reacción. No pueden alegar ignorancia ante el
tema, pues su especialidad es el derecho. Esperemos que se deba al mucho
trabajo que tienen y no al temor a distanciarse de las instancias del poder, lo
que aconsejan las buenas conciencias.
Algunos de los viejos activistas
sociales tampoco quisieron desempolvar recuerdos y echar mano de nuevas
energías para incorporarse a las actividades de preparación del Tribunal
social. Se han refugiado en el desánimo y la desesperanza, olvidando los
compromisos jurados de otros tiempos. Con algunos intelectuales nos pasó algo
similar: la vida cómoda y sin compromisos los ha reclutado.
Pero la vida y la actividad social democrática
son muy ricas en posibilidades y nos ha llevado al encuentro de familiares de
víctimas de desaparición forzada con alta disposición a
la lucha, de abogados que aportan su invaluable experiencia y de periodistas
que difundieron nuestro esfuerzo y que haciéndolo suyo aportaron horas de
trabajo. Con ellos, sin recursos y con un ánimo a prueba de todo tipo de
contratiempos, estamos listos para hacer del 30 de agosto una jornada histórica
en materia de derechos humanos.
No estamos solos. Rocío Culebro del D.F., Gilberto López y Rivas del D.F., Raúl
Ramírez Baena de Baja California y Moisés Tapia Tapia
de Culiacán, serán el cuerpo de jueces del Tribunal social. Su calidad como
profesionistas, su vocación como defensores de derechos humanos y su honestidad
personal son la mejor garantía para el éxito de este noble esfuerzo por hacer
valer el derecho de las víctimas de desaparición forzada.
Cuando inicie la esperada sesión del
tribunal de conciencia, se escucharán las vibrantes voces de Leonel Aguirre Meza
y Ricardo Arnulfo Mendoza Sauceda. Ellos son los fiscales que a nombre de las
víctimas y sus familiares presentarán un documento acusatorio. Y habrá que ver
el resultado de un largo y profundo estudio de los expedientes a juzgar y del
fenómeno de la desaparición forzada en Sinaloa y en México. Dominio del
derecho, del tema y la oratoria estarán presentes.
Y como el derecho a la defensa del
acusado es una reivindicación histórica, no podemos dejar
horra esa posición. Habrá un defensor de los
presuntos responsables de desaparición forzada. Si los poderes Ejecutivo,
Legislativo y Judicial envían defensores serán bienvenidos, si no tendrán uno
en la voz y en la inteligencia del licenciado Francisco Palazuelos.
Es un joven abogado que ha preparado sus mejores prendas jurídicas para esta
ocasión.
No faltarán testigos como lo reclama el
derecho para un buen juicio. Los familiares asistirán con esa calidad. Y tantos
testimonios y pruebas existen para presentar que el tribunal tendrá que
administrar bien el tiempo para escuchar al menos los testimonios centrales.
Hay una aportación de este tribunal que
debemos destacar: el público que asista no será un convidado
de piedra. Considerados testigos de asistencia, podrán firmar con esa calidad
el veredicto final que presente nuestro jurado. La jornada promete ser
histórica en muchos sentidos. La cita es en la Plazuela Obregón de Culiacán a
las 9:30 am frente al MIA. Te la perderás? Vale.