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Porque el miedo es el virus más letal de la época que nos tocó vivir.

Una recuperación medieval.
Gregorio Morán

Estamos hechos de historias y de tiempo. Y al hilvanar las historias personales se teje la urdimbre de los movimientos sociales, que combinando tiempos y afanes, con tropiezos y zancadas hacia adelante, construyen la senda, la historia viva por la que camina la sociedad. Pocos, muy pocos, han reflexionado sobre los acontecimientos de los años setenta del siglo anterior que nos dejaron una herida profunda en materia de desaparición forzada de personas. Cuyo dolor desbordó los hogares de donde salieron los jóvenes activistas que fueron víctimas de esta infame práctica.

La sociedad siempre encuentra las formas de conservar memoria de los momentos que han definido su carácter y su futuro. Y aunque sus opresores busquen borrar testimonios y ocultar hechos, la verdad se alimenta de la historia colectiva y de las historias individuales. Y el tiempo es su mejor aliado. Por eso 38 años después el Tribunal social resulta una instancia adecuada para reafirmar nuestra memoria histórica y para juzgar, en ausencia de justicia formal, hechos, personas e intereses que ofendieron profundamente a la sociedad.

Y para bien juzgar no hay como poner los casos y expedientes en manos de personas cuya trayectoria se ha distinguido por su honradez, alta calificación profesional y amor a esta sufrida nación. El jurado del Tribunal estará integrado por cinco miembros. Adelantamos el nombre de las dos distinguidas damas y las razones por las que fueron invitadas como juezas: Gloria Ramírez y Rocío Culebro.

Gloria es doctora en ciencias por la Universidad de París 1 y durante su larga trayectoria ha sido profesora visitante y conferencista en universidades de México, América Latina y Europa. Hoy tiene la responsabilidad de Coordinadora de la Cátedra UNESCO en México y también está al frente de la Academia Mexicana de Derechos Humanos. Como experta en materia de derechos humanos atiende invitaciones de la UNESCO, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y la Comisión Europea, entre otros. Gloria es autora de varios textos en los que destaca la unidad indisoluble entre derechos humanos y democracia, y un interés especial por la defensa del derecho a la libertad de expresión, como tributo a los periodistas de nuestro tiempo.

Rocío Culebro, es la Directora Ejecutiva del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia. Tiene en su haber una larga y productiva trayectoria en la vida pública de nuestro país. Es socióloga y una destacada estudiosa de las luchas sociales por la democracia y los derechos humanos. En años anteriores trabajó para la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal y para el Instituto Federal Electoral. También ha trabajado para la Academia Mexicana de Derechos Humanos, para Amnistía Internacional Sección México y ocupó la Secretaría Técnica de la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos. Desde 1987 se ha convertido en una activista y aliada imprescindible de los movimientos de derechos civiles en México

Ellas darán realce al Tribunal social y a los trabajos que se llevarán a cabo el próximo 30 de agosto en la Plazuela Obregón frente al MIA en Culiacán. Sus antecedentes son una garantía de apego al modelo que han seguido los tribunales de conciencia, desde el Tribunal Russell que juzgó los crímenes de guerra de Vietnam, pasando por el de Chile que juzgó la herencia constitucional de la dictadura, el de Bolivia que juzgó al BM y al FMI, hasta el Tribunal Permanente de los Pueblos. Su formación profesional garantiza el rigor en la observancia del derecho internacional en su actuación y su honradez es la mejor garantía de la justeza del veredicto final.

Será un honor tenerlas como parte del Tribunal social. No hay precedentes en la historia regional de un tribunal de conciencia como el propuesto. Todo ello lo hace no sólo interesante, sino obligadamente un reto en muchos sentidos para familiares de las víctimas de desaparición forzada, para los activistas de derechos humanos y, desde luego, para la sociedad. La Comisión organizadora está haciendo una contribución muy importante para que la jornada del día 30 de agosto esté a la altura de las exigencias de nuestro tiempo. Echémosle una mano para que los trabajos, análisis y veredicto del Tribunal social le den verdadero sentido al errar cotidiano frente a una triste, dolorosa y desgarradora etapa de nuestra historia. Vale.