Email: oscarloza.ochoa@hotmail.com

EL CAMPO, AYER Y HOY

Una quiebra temporal se parece a una muerte temporal.

Es para siempre.

Costas Douzinas

Vuelve el fantasma de las heladas ahora como hace dos años. Volvemos a plantearnos las posibilidades de apoyo oficial para los agricultores y regresa la pregunta obligada ¿qué pasará con los jornaleros del campo cuyo único patrimonio son sus cansados brazos?

No sabemos que vaya a pasar, pero ojalá los apoyos lleguen suficientes y en tiempo y forma. Una fuerte caída en el PIB agrícola y sus repercusiones en cascada en todos los ámbitos nos dejarían en una situación económica maltrecha y con graves repercusiones sociales.

Pero la mano que dirige los destinos políticos del país y de Sinaloa tiene poco de sentido común y todo puede suceder, pues el pasado se vuelve materia de discurso y no referente obligado en la solución de los grandes problemas. Y menciono el pasado, porque obliga a comparar riesgos de la agricultura (de exportación) y las condiciones en las que viven los trabajadores de esa agricultura. Esto vale para el pasado inmediato y para el mediato.

Me parece prudente que recordemos hoy que este miércoles 16 de enero se conmemoró el XXXIX aniversario de la Huelga general de obreros agrícolas en los campos de los valle de Culiacán y Guasave, que veamos las condiciones de la horticultura de ayer y las que sufrían sus jornaleros. La agricultura de exportación pasaba por un buen momento en los primeros años de la década de los setenta y los mejores casinos de Las Vegas mimaban a nuestros horticultores que con tanta generosidad se desprendían de sus dólares, mientras acá en los valles de Sinaloa sus jornaleros eran hacinados en galerones de láminas de cartón, con piso de tierra, viviendas de un solo cuarto, sin agua entubada y un retrete por cada galerón, salvo muy contadas excepciones.

Y hay que agregar a la lista aquellas jornadas de trabajo mayores a las 8 horas constitucionales, sin seguridad social y el trato de peones acasillados (sujetos a la tienda de víveres del patrón), los trágicos accidentes de trabajo y la mano de obra infantil que llena los espacios de una creciente demanda de brazos.

En resumen, se crece como sector económico, se amplía la generación de empleos y la demanda de alimentos y enseres de los jornaleros eleva sensiblemente los precios, en tanto los salarios permanecen inamovibles. Esas condiciones precarias llevan a los jornaleros a demandar un modesto incremento al salario en Ahome, Guasave y Culiacán. En todos los casos hubo negativa absoluta.

Pero la acumulación de todos estos factores, aún con la ausencia de organización sindical, ponen a la “olla presto social” a punto de explotar. ¿Cómo explicarnos que más de 5 mil trabajadores iniciaran una huelga general en los campos de los valles de Culiacán y Guasave al unísono el 16 de enero de 1974? Hubo agitadores, sí. No más de 50 jóvenes preparatorianos y universitarios. El hambre y la discriminación fueron los móviles centrales de ese movimiento.

Ahora que regresan las heladas con las consecuencias que tendrán para agricultores y para sus trabajadores, es muy probable que estas reflexiones ya las haya hecho el Secretario de agricultura de Sinaloa, como titular del ramo y como veterano de esa huelga general de jornaleros agrícolas (Asalto al Cielo le llamaron). El activista Juan Guerra conoció las condiciones concretas del campo para propietarios y para trabajadores de 1974, como el funcionario Juan Guerra conoce también las condiciones de hoy para ambos. Y sabe muy bien las consecuencias sociales a que pueden arrastrar las malas políticas públicas en un momento determinado.

Ojalá que no sea necesaria la movilización de los agricultores (como en 2011) para que se atienda con apoyos suficientes y oportunos la situación de emergencia que vive la agricultura sinaloense y que la ceguera habitual hacia los brazos que generan la riqueza del campo ahora encuentre una salida para esos pobres trabajadores. Juan Guerra tiene el reto más importante de su vida, pero ¿dónde termina la sombra de viejo activista y dónde comienza la figura del funcionario? Vale.