EL CAMPO, AYER Y
HOY
Una
quiebra temporal se parece a una muerte temporal.
Es
para siempre.
Costas Douzinas
Vuelve el fantasma de las heladas ahora
como hace dos años. Volvemos a plantearnos las posibilidades de apoyo oficial
para los agricultores y regresa la pregunta obligada ¿qué pasará con los
jornaleros del campo cuyo único patrimonio son sus cansados brazos?
No sabemos que vaya a pasar, pero ojalá
los apoyos lleguen suficientes y en tiempo y forma. Una fuerte caída en el PIB
agrícola y sus repercusiones en cascada en todos los ámbitos nos dejarían en
una situación económica maltrecha y con graves repercusiones sociales.
Pero la mano que dirige los destinos
políticos del país y de Sinaloa tiene poco de sentido común y todo puede
suceder, pues el pasado se vuelve materia de discurso y no referente obligado en
la solución de los grandes problemas. Y menciono el pasado, porque obliga a
comparar riesgos de la agricultura (de exportación) y las condiciones en las
que viven los trabajadores de esa agricultura. Esto vale para el pasado
inmediato y para el mediato.
Me parece prudente que recordemos hoy
que este miércoles 16 de enero se conmemoró el XXXIX aniversario de la Huelga
general de obreros agrícolas en los campos de los valle de Culiacán y Guasave, que
veamos las condiciones de la horticultura de ayer y las que sufrían sus
jornaleros. La agricultura de exportación pasaba por un buen momento en los
primeros años de la década de los setenta y los mejores casinos de Las Vegas
mimaban a nuestros horticultores que con tanta generosidad se desprendían de
sus dólares, mientras acá en los valles de Sinaloa sus jornaleros eran
hacinados en galerones de láminas de cartón, con piso de tierra, viviendas de
un solo cuarto, sin agua entubada y un retrete por cada galerón, salvo muy
contadas excepciones.
Y hay que agregar a la lista aquellas jornadas
de trabajo mayores a las 8 horas constitucionales, sin seguridad social y el
trato de peones acasillados (sujetos a la tienda de
víveres del patrón), los trágicos accidentes de trabajo y la mano de obra
infantil que llena los espacios de una creciente demanda de brazos.
En resumen, se crece como sector
económico, se amplía la generación de empleos y la demanda de alimentos y
enseres de los jornaleros eleva sensiblemente los precios, en tanto los salarios permanecen inamovibles. Esas condiciones
precarias llevan a los jornaleros a demandar un modesto incremento al salario
en Ahome, Guasave y Culiacán. En todos los casos hubo
negativa absoluta.
Pero la acumulación de todos estos
factores, aún con la ausencia de organización sindical, ponen
a la “olla presto social” a punto de explotar. ¿Cómo explicarnos que más de 5
mil trabajadores iniciaran una huelga general en los campos de los valles de
Culiacán y Guasave al unísono el 16 de enero de 1974? Hubo agitadores, sí. No
más de 50 jóvenes preparatorianos y universitarios. El hambre y la
discriminación fueron los móviles centrales de ese movimiento.
Ahora que regresan las heladas con las
consecuencias que tendrán para agricultores y para sus
trabajadores, es muy probable que estas reflexiones ya las haya hecho el
Secretario de agricultura de Sinaloa, como titular del ramo y como veterano de
esa huelga general de jornaleros agrícolas (Asalto al Cielo le llamaron). El
activista Juan Guerra conoció las condiciones concretas del campo para
propietarios y para trabajadores de 1974, como el funcionario Juan Guerra
conoce también las condiciones de hoy para ambos. Y sabe muy bien las
consecuencias sociales a que pueden arrastrar las malas políticas públicas en
un momento determinado.
Ojalá que no sea necesaria la
movilización de los agricultores (como en 2011) para que se atienda con apoyos
suficientes y oportunos la situación de emergencia que vive la agricultura sinaloense y que la ceguera habitual hacia los
brazos que generan la riqueza del campo ahora encuentre una salida para esos
pobres trabajadores. Juan Guerra tiene el reto más importante de su vida, pero
¿dónde termina la sombra de viejo activista y dónde comienza la figura del
funcionario? Vale.