TRIBUNAL SOCIAL
II
El
peligro de hacernos inmunes a lo inaceptable
Francis
Wurtz
Las familias de los desaparecidos y la
sociedad tienen derecho a saber la verdad. No valen "razones" de
Estado, ni la socorrida criminalización de las víctimas para mantener la
cortina de humo sobre la práctica de la desaparición y proteger a los
responsables. Y como las visitas ante el ministerio público y ante los
gobernantes no dan muchos resultados, familiares con desaparecidos recurrieron
a marchas, plantones, conferencias, mítines y hasta huelgas de hambre, sin
abonar a la sensibilidad de los funcionarios y ni ablandar su voluntad. La
sociedad tiene todo el derecho del mundo a organizar un Tribunal Social que
juzgue moralmente los crímenes que el Estado no quiere investigar y juzgar.
Los sinaloenses no estamos inventando
nada cuando nos empleamos en la organización de este tribunal o jurado civil,
pues afortunadamente hay varias experiencias exitosas en nuestro país y en
otras latitudes que dan luz a nuestra iniciativa; pero con esto sí se está
sentando un precedente histórico en la región noroeste, precisamente cuando la
autoridad creía que la edad, la mala salud, el desmayo y la desmoralización
habían ganado a las familias con desaparecidos. La iniciativa del tribunal y
los esfuerzos por sacarlo adelante pintan el ánimo que campea en el movimiento
de derechos humanos, en particular en la atención al problema de los
desaparecidos.
Memoria es historia, memoria es
compromiso, memoria es justicia. En 1968 el Estado apostó al olvido, pero el
pueblo no olvidó. Con la manipulación de los medios y la desinformación el
Estado pretendió borrar hechos y huellas, pero el vínculo de luchas y pueblo
conservaron memoria y compromiso. El mejor homenaje a los héroes y a los seres
queridos que nos arrebatan violenta e injustamente (incluida la desaparición
forzada de personas) es conservar su memoria y vincular nuestra existencia con
la de ellos, a través del recuerdo permanente y de la reivindicación de su derecho
a la presentación como se los llevaron: vivos. Por eso la memoria es también
justicia.
Pero para empujar un proyecto como el
tribunal social se requiere contar con el respaldo de organizaciones sociales y
de personalidades. No faltarán las críticas ─gratuitas o
interesadas─, sobre nuestros afanes, pero hay razones de mucho peso que
estarán de este lado: el agravio de cientos de familias que padecen la
desaparición forzada de algún ser querido, la necesidad histórica de juzgar
moralmente esos hechos (en ausencia de las tareas que le correspondían al
Estado en la materia) y la calidad de las personas que integrarán el jurado en
el mencionado tribunal, entre muchas otras.
En una próxima colaboración abordaremos
el perfil de las personas que integrarán el tribunal social y sobre cuyos
hombros (y cabezas) descansarán las conclusiones y el veredicto
de esta instancia histórica. Pero por lo pronto adelantemos que por lo apretado
del tiempo no se podrán analizar todos los casos de desaparición forzada de
personas en el estado de Sinaloa, pues son cientos de ciudadanos, pero la
comisión organizadora está analizando con los miembros de la fiscalía del
tribunal los casos más emblemáticos en cada una de las tres etapas de
desapariciones en nuestra entidad, para que sean consignados ante el jurado.
La sociedad sinaloense sabe que en
algunos casos de los años setenta del siglo pasado, se presentaron testimonios
contundentes e irrefutables sobre la desaparición de algunos jóvenes
activistas, en los que se señalan a responsables y a instituciones donde
estuvieron detenidos. En las etapas siguientes también hay casos emblemáticos
en los que la presión social obligó a una larga investigación de parte de la
autoridad, a crear una fiscalía especializada en el tema de las desapariciones
forzadas y a integrar sendas averiguaciones previas, aunque se haya buscado la
impunidad para los responsables a final de cuentas.
Esos casos serán la materia de trabajo y
análisis en el tribunal social.
Y como el tribunal social aspira a trascender
en la sociedad, no sólo hará un trabajo de alta calidad y apegado a los
estándares internacionales en materia de derecho, desea hacerlo de cara a la
sociedad y a las familias agraviadas de Sinaloa. No sesionará en un lugar
cerrado a pesar de la alta probabilidad de lluvias el día 30 de agosto (día
internacional de detenido-desaparecido), lo hará en la Plazuela Obregón con la
intención de que todo ciudadano que tenga interés de hacer presencia lo haga. Y
aún más, si desea hacer suyos las conclusiones y el veredicto, también habrá
una salvedad para incluir la adhesión ciudadana. Vamos por buen camino. Vale.