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ENTORNO ELECTORAL PREOCUPANTE


La austeridad en respuesta a una recesión o a una depresión
es similar a desangrar a un paciente para sanarlo.
William K. Black y Paul Romer

Centenares de pescadores irrumpen en el patio interno de Palacio de Gobierno. La mala planeación oficial del esfuerzo pesquero, la corrupción que permite extraer larva de camarón en plena veda (matando un alto porcentaje de la misma), los apoyos insuficientes y mal repartidos y el hambre que empieza  a estrujar estómagos -dicen- los hicieron venir a reclamarle al Gobernador por la desatención a sus graves problemas.

¿En qué momento se da esta angustiada protesta de los pescadores? Cuando el país suma dos trimestres con caída sensible de la tasa de crecimiento de la economía, lo que ha significado el despido de muchos trabajadores que conservaban su empleo, de acuerdo a las cifras oficiales de mayo (5.07% de desempleo). Cuando los mercados internacionales no presentan una mejoría a corto plazo y las políticas de austeridad internas han llevado al subejercicio de los renglones del presupuesto que pueden promover crecimiento económico. Cuando se acumulan tres años de sequía y dos de heladas que han devastado la agricultura de granos y una mala atención a las zonas más deprimidas. Y cuando la violencia se niega a regresar a la "normalidad" de 2007 y sigue cobrando vidas, desaparecidos, viudas, huérfanos y decenas de miles de desplazados.

¿Qué posibilidades hay de que los apoyos presupuestados (regateados) puedan llegar a todos los hogares de los campos pesqueros? Depende de la voluntad política y de recursos. De voluntad no hay derroche y si no se ejercieron en tiempo y forma los renglones del presupuesto en los momentos en que el crecimiento del PIB se estimaba en 4.5% para este año, las cosas no pintan muy bien en el horizonte cuando esas expectativas bajan al 2.7%.

Pero hay un factor externo que puede estimular esa voluntad política tan famélica: lo que sucede en las calles de Brasil. Más de un millón de ciudadanos en la vía pública cuestiona la aplicación del presupuesto en obras monumentales para la Copa Confederaciones y para las Olimpiadas, reclamando no al aumento de tarifas al transporte urbano y atención presupuestaria a salud y educación.  La presidenta del Brasil aceptó las razones del movimiento y el precio del transporte queda como antes (3 reales) y las ganancias de la explotación del petróleo (ligero) en la capa del pré-sal (Sao Paulo y Río de Janeiro) va a la educación.

Lamentablemente la sensibilidad en nuestro país y en Sinaloa camina a lomos de burro, y hasta el día de hoy no se han sacado cuentas de que los problemas sociales no atendidos son como los gases en una olla de presión, sólo requieren del calor para estallar. Y ya van varios como para ignorarlos: la violencia como telón de fondo y en toda su magnitud el creciente desempleo, miles de jóvenes que no pudieron ingresar a la educación superior y los que se acumulen en estas semanas volverán a reclamar su derecho a entrar a la universidad, los siempre ignorados desplazados, los indígenas y los pescadores, entre muchos otros.

La austeridad en el gasto público es un invento de los poderosos no de los pobres, pues aplicar austeridad es disminuir recursos que antes se destinaban a los programas sociales (salud, educación, vivienda) y desviarlos a renglones que favorezcan a las empresas monopólicas y los bancos. Austeridad implica vender a precio de remate a empresas públicas como Pemex y la CFE y permitir que los beneficios que hoy llegan al sector público se los queden los monopolios que dominan la economía. El único mecanismo alterno si bajan los ingresos del gobierno al venderse esas empresas es aumentar los impuestos a los pobres. Austeridad provoca desempleo y crisis.

En época de crisis sólo los que tienen intereses de por medio y los políticos que dependen de los grupos que dominan la economía defienden la austeridad. Y ante los problemas que denuncian los pescadores no podemos votar porque se les sigan escamoteando recursos y, además, cerrar los ojos ante los errores y omisiones que se cometen desde la secretaría que debe atenderlos. Austeridad, en esos términos, es hambre.

Hay veda en los campos pesqueros, es correcto que la haya para darle sustentabilidad a la economía del mar. Pero las familias que viven de la pesca tienen que comer y cubrir las necesidades elementales. Sin los apoyos presupuestados no podrán hacerlo. No pocos jefes de familia han salido a buscar el pan de sus hijos a las ciudades cercanas y a la frontera norte, ¿quién garantiza que allí lo encontrarán? Me consta que en  pueblos como Yameto, Dautillos y La Reforma, la desolación es el manto que cubre las pangas abandonadas a la orilla del mar, las humildes casas de los pescadores y el duermevela de sus noches insomnes.

Tres años de sequía, dos de heladas y un fardo de errores en la conducción de los destinos públicos no deben impedir la solidaridad hacia los pescadores y otros sectores vulnerables de la sociedad. Sí hay recursos de donde echar mano aún, aunque estén  etiquetados para las inversiones que interesan a los monopolios. Puestos ante la disyuntiva de una hambruna no creo que sea recomendable seguir con la nefasta política de austeridad. Brasil nos regala dos hermosas lecciones: la de un pueblo que reclama a tiempo y la de su gobierno que reconoce la razón de los reclamantes.  ¿Aprenderemos de Brasil? Vale.