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NAVOLATO, TERAPIA INTENSIVA

La visión de los políticos

no suele pasar de la próxima elección.

Mario Bunge

El ingenio de Navolato ha cerrado sus puertas, dicen que sólo temporalmente.  Centenares de familias quedarán sin ingresos. El viejo sindicato negocia, callado y al margen de su base y la sociedad, una posible indemnización, ¿la que sea?

¿Cuál es la situación actual de la industria azucarera? El pasado mes de enero los más de 450 mil trabajadores de los 54 ingenios del país se movilizaron protestando contra la caída del precio del azúcar. La zafra 2011-12 terminó con 10 mil 800 pesos por tonelada y la 2012-13 en apenas en 8 mil. Una dolorosa caída del  37%.

El mercado mundial está saturado. Hay sobreproducción de sacarosa. El acuerdo de regulación de los setenta del siglo pasado, voló en pedazos con la caída del Muro de Berlín y sus consecuencias y con los tratados de libre comercio. Los grandes países consumidores terminaron imponiendo condiciones y precio a los productores, auxiliados por dos fenómenos conspiradores: la producción de alta fructuosa (jarabes derivados del maíz) y los edulcorantes no calóricos (aspartamo) que a partir de 1985 inician la creciente conquista del mercado mundial. Estados Unidos es el país centralmente beneficiado por la exportación de jarabes y el aspartamo.

Las políticas públicas del gobierno mexicano no ayudan para nada a nuestra industria azucarera aunque vivan de ella cerca de 3 millones de compatriotas y aporte a la economía nacional unos 3 mil 200 millones de dólares. Mientras el consumo nacional de azúcar es de 4 millones de toneladas, hay un superávit de 1.5 millones de toneladas, que enfrentan graves dificultades para colocarse en el mercado mundial. Con todas las trabas y trampas del Tratado de Libre Comercio con EU, México tenía posibilidades de exportar cantidades considerables a partir del año 2000, luego de cumplir con producción creciente de manera consecutiva.

Inexplicablemente el comportamiento es otro. El año pasado se importaron 300 mil toneladas de azúcar cuando tenemos dificultad para colocar nuestra sobreproducción. En los últimos años se ha disparado la importación de alta fructuosa (sobre todo el JMAF-55), llegando el 2008 a más de 520 mil toneladas, sin considerar el aspartamo (sustitutos de azúcar para el café). Todavía se ha ido más allá: la legislación sobre la industria refresquera (por los costos) espanta el consumo de azúcar y acrecienta el de la alta fructuosa, que debe ser importada y cuyo valor no rebasa los 450 dólares la tonelada, muy por abajo de los 633 dólares del precio desplomado del azúcar.

¿Tendrán esperanza nuestros productores y trabajadores de la industria azucarera? Hemos legislado para favorecer la importación de alta fructuosa a sabiendas de que nos la venden a precio de Domping (monopolio), argumento que utilizan los gringos contra nuestros productos (tomate), aunque no sea cierto, para favorecer a sus productores. Ya hasta resulta sospechoso que no le pongan ningún reparo, mientras nuestra azúcar espera almacenada por un incierto mercado.

Costa Rica nació del proyecto de un ingenio azucarero y medio siglo después murió el corazón de su economía. No sólo la ruina fue su huésped habitual, sobrevino la prostitución, el consumo masivo de drogas y la violencia. Ninguna instancia de gobierno volvió la vista hacia Costa Rica. Las ciudades en desgracia no son redituables en política. Ahora le toca a Navolato, ¿mañana a ElDorado y Los Mochis? La tragedia de la violencia ya la tiene el municipio 18 de Sinaloa desde hace largos años, habrá que sumarle mayor desempleo, ausencia de ingresos, deserción escolar, pérdida de seguridad social y ese malestar general que siempre acompaña a las crisis.

Navolato necesita terapia intensiva. Reclama un proyecto que salve su industria azucarera, potencie su agricultura y su anémica pesca. ¿Cuáles serán los planes del gobierno del cambio de MALOVA? ¿Habrá algún plan para esta emergencia? Si no lo hay urge elaborarlo, no son pocos los problemas que enfrenta Sinaloa como para seguir dejándolos pasar hasta que revienten en una crisis profunda y de consecuencias imprevisibles. Vale.