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ROSARIO ROBLES Y LA RENTA CIUDADANA

El hambre existe no por falta de dinero,

sino por falta de vergüenza de los gobernantes del mundo.

Luis Inacio Lula da Silva

─No tengo por qué renunciar─, dijo Rosario Robles ante comisiones del Senado. ─No he hecho nada indebido─ se defendió; mientras recorren el país audios en los que el tesorero, responsable de comunicaciones y otros funcionarios de Veracruz, desnudan intenciones sobre el uso de recursos del Programa Oportunidades en este proceso electoral.

El problema de fondo quizá no sea el mal uso de los recursos destinados a disminuir la pobreza (asunto muy grave), sino cómo se concibe el llamado combate a la pobreza (el modelo), si es que de veras están pensando en enfrentar dicho flagelo. ¿Por qué decimos que el problema es el modelo? Creo que el Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM da una pauta para entender por qué el modelo aplicado desde la década de los setenta no funciona: dice que de acuerdo a los datos que aportan los informes de siete presidentes, las estadísticas del INEGI y del FMI, se invirtieron 36 millones de pesos por cada mexicano pobre y la pobreza no sólo no disminuyó, sino que aumentó en más del 58 por ciento.

Algo ha pasado en estos 42 años. Sí, algo pasó a pesar de que el gobierno de Echeverría destinó 50 mil millones de pesos a disminuir los casi 31.5 millones de pobres y el de Calderón unos 900 mil millones viendo crecer  a los pobres hasta sumar 54 millones. Toda esa montaña de dinero no cumplió su objetivo. Y el gobierno de Peña Nieto reproduce el mismo esquema para atender, dice, a 7.4 millones en pobreza extrema, de los 11.7 que superviven a la buena de Dios en este país. Reconozcamos que el modelo económico en que vivimos está diseñado para la concentración y centralización de la riqueza en pocas, muy pocas manos. Durante los años señalados podemos observar que la economía nacional y venta de los bienes nacionales como Telmex, bancos, puertos y aeropuertos, entre otros, ha colocado en la lista de los más ricos del mundo a algunos mexicanos, mientras decenas de millones  engrosan las filas de miserables y amenaza a la clase media con desaparecer.

El modelo aplicado en programas de combate a la pobreza no escapa a la vieja concepción de cómo conducir la economía y el país: en beneficio de una élite. En el anterior sexenio había 106 programas para atender a pobres, siete de ellos concentraban el 57 por ciento del presupuesto total. Para qué tantos programas. El modelo implica la creación de una burocracia que “administre” los recursos contra la pobreza. El modelo es un embudo: ancho de arriba para que entren todos los recursos y en la medida que van bajando de nivel el cono disminuye el flujo y aquellos recursos van achicándose, absorbiendo un buen porcentaje del presupuesto antes de llegar a su destino.

Y aún hay que ver el destino final. Hay muchas quejas en las comunidades que señalan que gente bien posicionada recibe recursos destinados a los pobres, porque las redes del poder buscan beneficiar las invisibles estructuras del poder. Muchos pobres sólo ven pasar de lado esos recursos. También hay que tomar en cuenta el uso o abuso que se comete con esos recursos en tiempos electorales (dos de cada tres años). Hay otros renglones que por falta de espacio no menciono, pero digamos que por la dimensión de los recursos destinados al combate a la pobreza, obligadamente deben auditarse. ¡Pues no hay tal cosa!  Y cuando resulta un escándalo como el de Veracruz, ni en la Cámara de Senadores dejan pasar propuestas de investigación. Así de grandes son los intereses.

Vale la pena recordar que el Congreso de Cataluña, España, dio entrada el pasado 12 de marzo a lo que llaman la Iniciativa Legislativa Popular, que pretende reglamentar el artículo 24.3 del Estatuto Catalán, con el fin de atender a las familias que se encuentran en situación de pobreza, para que tengan acceso a una Renta Garantizada de Ciudadanía que les asegure un mínimo de vida digna. La propuesta aspira a garantizar a cada ciudadano sin ingresos 664 dólares al mes y el 70 por ciento de esa cantidad a los miembros adicionales de una familia sin empleo. Sólo tiene dos requisitos: ser ciudadano catalán o residente en los últimos 12 meses y no tener ingresos. La monstruosa burocracia vuela en pedazos y queda reducida al mínimo para operar el programa.

Pero falta mayor participación ciudadana para lograr una cosa así en nuestro país. En tanto pasa uno cada coraje, pues mientras comparecía Rosario Robles en el Senado después del escándalo en Veracruz, de la manera más despreocupada del mundo una funcionaria del Programa Cruzada contra el Hambre, fuera de horario de trabajo llegó en una camioneta oficial al Paseo del Ángel en Culiacán no a buscar pobres, sino a compartir con los hartos en una unidad que debe servir para otros fines. ¿Qué opinión le merece todo esto?