DESATINOS EN PGR Y GOBERNACION
La verdad no siempre es bella pero su búsqueda sí
lo es.
Nadine Gordimer
Nuevas
medidas administrativas en el Gobierno de Peña Nieto y no precisamente para
aplaudirlas. La PGR elimina su Consejo de Participación Ciudadana, mientras la
Secretaría de Gobernación busca crear por decreto y sin consulta alguna la superpolicía llamada Gendarmería Nacional.
Como balde de
agua fría cayó la noticia a los consejeros ciudadanos de que ya no existían
como tales. El procurador Murillo Karam había
publicado en el Diario Oficial la orden de abrogar los acuerdos de dicho
órgano. Cualquier posibilidad de aspirar a la transparencia y rendición de
cuentas de la PGR se viene abajo con la clausura del Consejo. El compromiso que
la Institución hizo con la sociedad el 28 de febrero de 2011 queda por lo
pronto sin efecto. A pesar de la oscuridad en la que navega la PGR en muchos
aspectos, al Consejo de Participación Ciudadana se le habían dado razones de
ser: vigilar el “uso eficiente, transparente y eficaz de los recursos públicos,
y las acciones de disciplina presupuestaria en el ejercicio del gasto público,
así como para la modernización de la administración pública federal”. A través
del Consejo la sociedad podía indagar asuntos de corrupción, abusos de poder o
cuestionar compras de la dependencia.
Sólo se da
una explicación para cancelar el Consejo: que la PGR se encuentra en un proceso
de diagnóstico y reestructura, "encaminado a modernizar su
funcionamiento y detectar las áreas que requieran una mejora".
Por otra parte, la Secretaría de Gobernación está
en el proceso administrativo para crear la llamada Gendarmería Nacional. Se han
hecho públicas sólo algunas cosas: que sustituirá a las policías federales
actuales y que se formará con diez mil elementos del ejército. La trascendencia
de la medida impactará la vida nacional toda, lo que debiera obligar a ser tema de análisis público y a tener oídos ante
las opiniones de los diversos sectores de la economía, la política y la
academia del país. Pero no, inexplicablemente se siguen haciendo las cosas como
en los viejos tiempos, como un acto de autoridad que tiene que ser aceptado por
los ciudadanos, sin más.
Pareciera que el país cambió para no cambiar. La
nueva administración aún no entiende que el país que ahora gobierna es muy
distinto al que dejó hace doce años. Si el 59% de los electores (sin contar
abstenciones y votos nulos) se inclinan por la oposición, es que exigen una
administración que busque opinión y ejercicio de ciudadanía. Todos los asuntos
que influirán en la vida de cada uno de los ciudadanos, deben contar con la
opinión y propuestas ciudadanas.
Nueve organismos de la sociedad civil están
cuestionando está medida y exponen que la decisión de
arrancar los trabajos de la Gendarmería con soldados en lugar de formar agentes
con el perfil de policía que se requiere, implica riesgos desde el origen. La
experiencia que hemos vivido en los últimos seis años, en los que abundan los
malos ejemplos del actuar de soldados en funciones policiales, les dan la
razón.
Hay algunos hechos y acciones que la ciudadanía y
sus organizaciones debemos procesar y cuestionar, si queremos que este país marche
por una senda democrática y resuelva los problemas que más pesan en la vida
económica, política, social y cultural. No basta, no debe bastar que los
asuntos nacionales pasen por el visto bueno de quienes integran el Pacto por
México (PRI, PAN y PRD). Bajo el manto del Pacto se han justificado las
reformas educativa, laboral y telecomunicaciones (verdaderas contrarreformas),
mientras se malcumple con el mandato constitucional
de elaborar un Plan Nacional de Desarrollo. Quién ignora el engaño de que somos
objeto. Primero se legisla y se establecen las bases (estructurales les llaman)
para gobernar y después se realizan “consultas” que terminarán en la
elaboración del Plan nacional de Desarrollo. ¿No era el Plan precisamente para
establecer las bases del desarrollo en todas sus aristas? ¿Qué sentido tendrá
si ya legislaron al entero gusto de la élite gobernante?
Es tiempo de que los organismos ciudadanos
empecemos a reclamar los espacios constitucionales de ejercicio pleno de
ciudadanía o de renunciar al derecho de participar en la construcción de un
país y una sociedad que nos incluya a todos. Vale.