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LA PROPUESTA DE ELIGIO MEDINA


Hay razones que son peores que los hechos

Erri De Luca

Definitivamente irrumpimos en el 2013 con más pena que gloria. Al cruzar la frontera del año viejo creímos que allí se quedaban algunos de nuestros viejos males. No pasó nada. Deben andar muy devaluados nuestros brujos y pitonisas (¿Y los políticos?) porque ahora no lograron espantar ni sus propias incertidumbres.

Por todo ello, sobre las espaldas de una clase media desgastada y de los pobres del país, se montan la desigualdad social, el desempleo, la corrupción, la ausencia de oportunidades en materia de salud, educación y vivienda y el cáncer de la violencia.

El principio de fatiga empieza a calar en las altas esferas gobierno, donde sólo atinan a programar presupuestos crecientes para asuntos de seguridad sin que por otro lado veamos los resultados prometidos, mientras el contagio de ese principio de fatiga empieza a permear a los municipios. Eligio Medina, presidente de Concordia, uno de los municipios más golpeados por la pobreza, desigualdad y la violencia, propuso armar a grupos de civiles en la zona rural para enfrentar la inseguridad. Se ha sumado a dicha propuesta Alejandro Higuera, presidente de Mazatlán, uno de los principales destinos turísticos del país.

Hay varios elementos que llaman la atención en la iniciativa y el marco que la rodea. Concordia con apenas 29 mil habitantes ha visto colapsada su cabecera municipal al avecindarse allí al menos 300 familias desplazadas por la violencia, mientras en el poblado de El Verde se refugiaban otras 39, sin contar las que se encuentren en otras comunidades y las que generaron los últimos acontecimientos violentos. Mazatlán con 438 mil 434 habitantes (15.8% de la población estatal), es el segundo municipio más poblado de Sinaloa, el principal destino turístico del estado, la carta de presentación para la inversión extranjera y nacional con las inversiones carreteras y en su muelle. El puerto es también refugio de al menos 3 mil ciudadanos desplazados de la violencia, una parte de ellos asentada en un terreno suburbano sin servicios que se ha destinado para ellos.

Ambos municipios han resentido las acciones violentas y sus consecuencias en su zona rural y urbana. Y son refugio de su población desplazada y de la que proviene del estado de Durango en la misma situación. La orografía de los dos municipios es aliada natural de los grupos armados que hacen del delito su modus vivendi y ejerce una influencia determinante para las actividades económicas urbanas. El castigo que han recibido los negocios en esa región en los últimos años a manos de delincuentes confirma lo dicho.

Ante la propuesta de los gobernantes locales de crear grupos civiles armados de antemano hemos dicho no, porque ello equivale a franquear otra puerta a la violencia, a los abusos y las injusticias sin fin que la acompañan. Pero tampoco podemos avalar los desatinos en materia de seguridad que han cometido tanto las autoridades federales como estatales,  concluyendo que a final de cuentas, los ediles son los funcionarios que tienen que dar la cara siempre y que, ante el fracaso de la guerra contra el crimen promovida en el último sexenio, la desesperación se ha convertido en su recurso final.

La propuesta de Eligio Medina apoyada por Alejandro Higuera ha ganado espacios en el debate público y, de no haber claridad en la alternativa que coyunturalmente venga de las autoridades estatales y federales, bien puede ganar simpatías en una población insatisfecha y agraviada. Y entonces tendríamos una situación poco recomendable.

Mientras se cocinan las posibles respuestas oficiales, si es que aún quedan recursos intelectuales para ello en las oficinas públicas, lo que activistas sociales, sindicatos, universidades y pensadores consecuentes debemos tener claro es construir más sociedad, fortalecer sus organismos especializados y elaborar políticas alternativas. Una sociedad organizada y participante siempre tiene soluciones a la mano. Vale.