INDIGNACIÓN Y
LECCIÓN CIUDADANA
Adiós
a dos almas que se pusieron en nuestros zapatos:
Stephane Hessel y Cristina Roji de Hodoyan.
Entre reformas y políticas públicas que
empequeñecen las posibilidades y derechos ciudadanos y una flaca respuesta de
masas, los ánimos pierden la andadura. Pero aún en medio de la tragedia la
actitud valiente de un grupo de ciudadanos oxigena hasta los más remisos
sentimientos. El absurdo y cruel asesinato del joven José Ramón Montoya Quevedo,
en el poblado de Costa Rica, ha inspirado un comportamiento de sus vecinos que
debemos conocer todos.
El día martes 12 del presente, un grupo
de más de 50 personas iniciaron un Plantón frente a la Procuraduría General de
Justicia del Estado. Su exigencia central era: que la Procuraduría parara las
acciones de intimidación que la familia del homicida ejerce contra los testigos
de cargo, buscando entorpecer el proceso y allanar una situación favorable para
el agresor.
Vale la pena recordar el comportamiento
y actitudes de los diferentes actores en estos hechos donde perdió la vida José
Ramón. Eran las 0:30 horas del 24 de febrero, cuando un grupo de vecinos
convivía en conocida esquina del poblado, mientras escuchaba a una banda de
música. El joven David Ruiz se movía en el entorno “quemando llanta” en su
unidad motriz poniendo en riesgo la seguridad de muchas personas. José Ramón se
acercó a pedirle que se calmara porque podía atropellar a las personas que
estaban en dicho lugar. La llamada de atención fue razón suficiente para que
David bajara de su auto pistola en mano y le disparara a José Ramón. Este calló
herido de tres balas y aún vio acercarse a su agresor que le apuntó con la
pistola en la cien para darle el tiro de gracia. La pistola ya no tenía balas,
las había gastado disparando al aire momentos antes en otro lugar del poblado.
La víctima le pedía que ya lo dejara en paz, pero el agresor la emprendió a
puntapiés y cachazos contra José Ramón. Este moriría horas después en un
hospital.
El agresor huyó en su auto y varios de los
testigos lo siguieron con el fin de detenerlo, lo que fue posible luego de que
se volcara más adelante. La autoridad hizo presencia y se lo llevó detenido. ¡Hasta
entonces aparece la autoridad, increíble! Mientras disparó el arma David y
anduvo por esas calles de Dios a velocidad inmoderada ni cuenta se dio. Hubo
que esperar la tragedia para aparecer. No creo que este deba ser un detalle que
se pase por alto de parte de la autoridad; si se sentara a valorar las omisiones
de los momentos anteriores a las tragedias, seguramente tendría muchas
lecciones que sacar y entuertos que corregir a su propio interior.
Mucho han calado estos hechos entre los
vecinos de Costa Rica, cuya indignación los llevó a la persecución del
homicida, a salir a la calle a exigir justicia (en cuya ocasión el Síndico del
poblado prefirió encerrarse en su oficina que dar la cara a los manifestantes)
y a realizar el Plantón en la Procuraduría.
El Subprocurador Martín Robles los
atendió y estableció algunos compromisos de apoyo jurídico para las víctimas
del delito y de protección para los testigos que de manera valiente se han
sostenido en el dicho en el proceso penal que generó el homicidio. El Plantón
arrojó resultados positivos.
Porque las muertes violentas y en
circunstancias similares son frecuentes en nuestro medio, llama la atención el
comportamiento de los ciudadanos de Costa Rica. No cerraron los ojos, como en
muchas ocasiones nos ocurre (con el pretexto de no comprar pleitos gratuitos).
Los vecinos han aceptado y ejercido sus responsabilidades ciudadanas, mientras
las autoridades preventivas aún nos deben una explicación sobre qué estaban
haciendo antes y durante estos hechos. Esperemos que el comportamiento de las
autoridades judiciales se enmarque en lo que establece la Ley. ¿Aprenderemos
algo de esos vecinos el resto de los ciudadanos de esta agraviada entidad?
Ojalá.