Email: oscarloza.ochoa@hotmail.com

INDIGNACIÓN Y LECCIÓN CIUDADANA

Adiós a dos almas que se pusieron en nuestros zapatos:

Stephane Hessel y Cristina Roji de Hodoyan.

 Entre reformas y políticas públicas que empequeñecen las posibilidades y derechos ciudadanos y una flaca respuesta de masas, los ánimos pierden la andadura. Pero aún en medio de la tragedia la actitud valiente de un grupo de ciudadanos oxigena hasta los más remisos sentimientos. El absurdo y cruel asesinato del joven José Ramón Montoya Quevedo, en el poblado de Costa Rica, ha inspirado un comportamiento de sus vecinos que debemos conocer todos.

El día martes 12 del presente, un grupo de más de 50 personas iniciaron un Plantón frente a la Procuraduría General de Justicia del Estado. Su exigencia central era: que la Procuraduría parara las acciones de intimidación que la familia del homicida ejerce contra los testigos de cargo, buscando entorpecer el proceso y allanar una situación favorable para el agresor.

Vale la pena recordar el comportamiento y actitudes de los diferentes actores en estos hechos donde perdió la vida José Ramón. Eran las 0:30 horas del 24 de febrero, cuando un grupo de vecinos convivía en conocida esquina del poblado, mientras escuchaba a una banda de música. El joven David Ruiz se movía en el entorno “quemando llanta” en su unidad motriz poniendo en riesgo la seguridad de muchas personas. José Ramón se acercó a pedirle que se calmara porque podía atropellar a las personas que estaban en dicho lugar. La llamada de atención fue razón suficiente para que David bajara de su auto pistola en mano y le disparara a José Ramón. Este calló herido de tres balas y aún vio acercarse a su agresor que le apuntó con la pistola en la cien para darle el tiro de gracia. La pistola ya no tenía balas, las había gastado disparando al aire momentos antes en otro lugar del poblado. La víctima le pedía que ya lo dejara en paz, pero el agresor la emprendió a puntapiés y cachazos contra José Ramón. Este moriría horas después en un hospital.

El  agresor huyó en su auto y varios de los testigos lo siguieron con el fin de detenerlo, lo que fue posible luego de que se volcara más adelante. La autoridad hizo presencia y se lo llevó detenido. ¡Hasta entonces aparece la autoridad, increíble! Mientras disparó el arma David y anduvo por esas calles de Dios a velocidad inmoderada ni cuenta se dio. Hubo que esperar la tragedia para aparecer. No creo que este deba ser un detalle que se pase por alto de parte de la autoridad; si se sentara a valorar las omisiones de los momentos anteriores a las tragedias, seguramente tendría muchas lecciones que sacar y entuertos que corregir a su propio interior.

Mucho han calado estos hechos entre los vecinos de Costa Rica, cuya indignación los llevó a la persecución del homicida, a salir a la calle a exigir justicia (en cuya ocasión el Síndico del poblado prefirió encerrarse en su oficina que dar la cara a los manifestantes) y a realizar el Plantón en la Procuraduría.

El Subprocurador Martín Robles los atendió y estableció algunos compromisos de apoyo jurídico para las víctimas del delito y de protección para los testigos que de manera valiente se han sostenido en el dicho en el proceso penal que generó el homicidio. El Plantón arrojó resultados positivos.

Porque las muertes violentas y en circunstancias similares son frecuentes en nuestro medio, llama la atención el comportamiento de los ciudadanos de Costa Rica. No cerraron los ojos, como en muchas ocasiones nos ocurre (con el pretexto de no comprar pleitos gratuitos). Los vecinos han aceptado y ejercido sus responsabilidades ciudadanas, mientras las autoridades preventivas aún nos deben una explicación sobre qué estaban haciendo antes y durante estos hechos. Esperemos que el comportamiento de las autoridades judiciales se enmarque en lo que establece la Ley. ¿Aprenderemos algo de esos vecinos el resto de los ciudadanos de esta agraviada entidad? Ojalá.