LA VISITA DE
PEÑA NIETO
No
juremos sobre el futuro,
mejor será esperarlo
para ver si él nos reconoce.
José Saramago
Confieso que hay cosas de la política
que no entiendo. Y que conste que ando entre las patas de los caballos desde
hace no pocos años. Cuando digo no entiendo es porque a pesar de que Sinaloa es
de las últimas entidades en visitar por el presidente Peña Nieto, nos dicen que
somos privilegiados. En dicha visita se anuncia con bombo y platillo que se
invertirán 500 millones de pesos en el agro sinaloense, porque somos el granero
de México y porque siete de cada diez tortillas que se producen en el país son
hechas con maíz de Sinaloa.
Menos mal que somos el granero del país
y que el presidente anda en una cruzada contra el hambre, causa tan importante
que obliga a prestarle mucha atención a la producción de alimentos, porque si
no nos iría peor. La visita presidencial me obliga a preguntar: ¿por qué la
visita es a los grandes productores, entre ellos los exportadores de
hortalizas? ¿Será que la cruzada del hambre busca acabar esa necesidad en los
consumidores del extranjero no en los paisanos? ¿Por qué no hubo una reunión
especial con los ejidatarios, comuneros y pequeños productores? ¿Cómo nos
explicamos que los productores pobres, los que sí producen para el mercado
nacional sólo sean convidados de piedra?
Me parece muy importante que se convoque
al campo a desplegar esfuerzos en la producción de alimentos, pues de qué otra
manera podemos enfrentar el flagelo del hambre. Pero el llamado adolece de
varios defectos: se hace en el marco de dos heladas (2011 y 2013) y una sequía
prolongada, mal atendidas todas en apoyos económicos; además sólo se voltea a
ver al sector más privilegiado de la agricultura, observando de soslayo a los
productores pobres del campo.
Se anuncian 500 millones de pesos de
inversión para el campo sinaloense. Y se hace alarde como si el monto cubriera
las necesidades esenciales del campo. Basta recordar que para hacer frente a la
primera helada, luego de movilizaciones de los productores el monto del apoyo
federal fue alrededor de esa cantidad, lo que no salvó por entero la situación.
Si sumamos los otros dos fenómenos que afectaron al campo, las cosas no están
como para que con un empujoncito de 500 millones marchen sin tropiezos. En 2011 no se quisieron tocar nuestras
reservas en dólares que rebasaban los 115 mil millones y se pretendió llenarnos
con discursos; pero no tuvieron reparo alguno cuando los especuladores se
llevaron 4 mil 500 millones de dólares en tan solo un día (el 18 de diciembre
de 1994), ahora, ¿se repetirá la misma gaita?
Al campo y a los campesinos les urgen
apoyos para producir, una reforma que regrese la dignidad al ejidatario y al
comunero y una política que erradique a los coyotes (hoy funcionarios muchos de
ellos) y que pare las importaciones de maíz precisamente cuando se empiezan a
comercializar las cosechas nacionales. ¿Esos anuncios vendrán con la próxima
visita o sólo se apuesta a favor de los monopolios de la agricultura?
Por otra parte, un grupo de familiares
con desaparecidos no quisieron dejar pasar en balde la visita de Peña Nieto y
buscaron estar en un lugar visible y a modo para acercarse al presidente. Lo
lograron. Cuando el mandatario pasó junto a ellas, doña Sandra Hernández le
entregó un documento donde resume el caso de su hijo Edgar Guadalupe. El
presidente se lo guardó en la bolsa de
su camisa y ofreció atención al caso. Un ayudante le entregó una tarjeta con
los datos para que haga llegar el expediente. Doña Alma Rosa Rojo, viendo que
se acercaba el gobernador López Valdez le preguntó, ¿cuándo nos recibe? Recordándole que hay una
solicitud de audiencia reiterada desde 2011. Malova
le dijo que ese mismo día le llamarían para establecer fecha, lugar y hora.
Hasta el día de hoy eso no ha sucedido. ¿Sucederá algún día de estos?
Dos conclusiones preliminares sobre la
visita presidencial pueden ser estas: no hay visión presidencial de la magnitud
de los problemas del agro sinaloense y de los verdaderos retos que plantea una
cruzada del hambre (al menos cercana al esfuerzo de Brasil que indexó el al 5%
del PIB al combate del hambre). No hay interés del gobierno estatal por atender
el caso de los desaparecidos a pesar de que el gobierno federal ya ha dado los
primeros pasos en esa dirección, aunque sean tímidos. Seguimos esperando que
brote localmente ese interés por el bien de Sinaloa y el país. Vale.